Programas cortos y aprendizaje acelerado para la inserción laboral de jóvenes en época de pandemia
Los sectores productivos más expuestos a riesgos de pérdida de empleo ante la emergencia sanitaria fueron -comercio, manufactura, mantenimiento y reparación de vehículos, y alojamiento y restaurantes- y según Gamero & Pérez (2020) se caracterizan por tener una fuerte concentración de empleo juvenil. Son estos mismos jóvenes, los que trabajan mayormente en la informalidad y carecen de formación profesional. La PEA ocupada en trabajo formal e informal que no alcanzaron ninguna forma de educación superior, representa 2.3 y 10.8 millones, respectivamente. (Enaho, 2018).
Informalidad laboral y falta de capacitación resulta siendo una combinación crítica que requiere ser abordada desde la formación profesional. Si bien el acceso a educación superior (educación técnica y universitaria) ha crecido en los últimos años, de acuerdo al Ministerio de Educación, solo tres de cada diez egresados de la educación básica acceden a la educación superior (Enaho, 2014-2018) y de ellos dos pertenecen al quintil más alto de gasto per cápita del hogar. De allí que sea probable que la población juvenil entre 14 a 24 años, sin formación terciaria, de los quintiles más bajos de ingresos, se encuentre entre la más golpeada por la falta de empleo en esta época de pandemia.
Aguerrevere, G., Amaral, N., Bentata, C., & Rucci, G. (2020) señalan la necesidad de preparar a las personas para el regreso al trabajo en la llamada “nueva normalidad” desarrollando programas cortos, de aprendizaje acelerado (fast track learning, en inglés), para fortalecer habilidades básicas de cuidado (como prevención y control de contagio, seguridad de salud y obligaciones de cuidado), digitales (como alfabetización digital, manejo de información y uso de herramientas digitales para servicios en línea) y socioemocionales (como resolución de conflictos, manejo de emociones y ansiedad, y comunicación); todas ellas son habilidades críticas que mejorarían la empleabilidad de los jóvenes.
Por su lado, Hoftijzer, M., Levin, V., Santos, I., & Weber, M. (2020) señalan que la formación profesional puede contribuir al repunte económico si se enfoca en las reales demandas del sector productivo y desarrolla de manera ágil y rápida programas para desarrollar competencias y habilidades necesarias para afrontar la crisis sanitaria y económica: habilidades digitales, habilidades técnicas en áreas como la salud pública y habilidades socioemocionales que favorecen la adaptabilidad.
Buchholz, B. A., DeHart, J., & Moorman, G. (2020) refieren la necesidad de repensar el desarrollo de competencias digitales para una ciudadanía plena, no meramente como una capacidad instrumental. Introducen en la discusión el concepto de ciudadanía digital advirtiendo que la pandemia de COVID-19 ha sacado a la superficie la brecha digital y ha revelado las continuas disparidades que se experimentan entre los grupos étnicos y sociales. Proponen considerar preguntas básicas que deben ser trabajadas con los estudiantes para fomentar la ciudadanía digital en las aulas, relacionadas a la capacidad de buscar fuentes confiables de información, diálogo virtual respetuoso, involucrarse en actividades de ayuda a través de las redes y mantener el equilibrio entre el tiempo frente a la pantalla y otras actividades e interacción social. Este acercamiento permite identificar aspectos adicionales, igualmente importantes, en el desarrollo de competencias digitales.
En el sector comercio, sector en el que los jóvenes suelen trabajar, se están dando oportunidades para especializarse, no sólo en temas referidos al comercio en línea, sino también los servicios de delivery, la atención del cliente, el marketing digital, el uso de analítica para conocer a los clientes, la resolución de quejas, la fidelización, las medidas de bioseguridad, el manejo del tiempo, el manejo del estrés, entre otros temas importantes, que deberían ser abordados desde las políticas de formación profesional.

Muy buen articulo, una asignatura pendiente en el Perú, es casualmente la revalorización de la formación técnica, la que debería verse reforzada con el uso de medios digitales, los cuales ya no son el futuro sino el ahora, pero que requieren de politicas de Estado firmes que concreticen una formación profesional integral y preparada para afrontar con optimismo los retos que nos presentan los escenarios post pandemia, en donde el conocimiento y la aplicación de las competencias digitales marcan la diferencia.